La Plaza de la Catedral era un terreno conocido como la Ciénaga, por terminar allí uno de los ramales de la Fosa Real (primer acueducto de Cuba). En ella se creó el primer baño público de la ciudad, donde hoy se encuentra la galería Víctor Manuel.
En el siglo XVIII se comenzaron a vender los terrenos aledaños a familias adineradas, siendo la Casa del Conde de Casa Bayona en 1720 la primera en construirse (ubicada frente a la Catedral). La Casa de los Marqueses de Aguas Claras (hoy restaurante El Patio) es una de las más atractivas de la plaza, con un amplio portal y un pequeño patio interior típicamente colonial. La Casa del Marqués de Arcos y la del Conde de Lombillo parecen por fuera una misma casa, pero son independientes. Comparten un largo portal y se ubican frente a la de los Marqueses de Aguas Claras. La segunda de ellas es actualmente la Oficina del Historiador de la Ciudad y tiene uno de los patios más hermosos de la Habana Vieja.
En la plaza se comenzó a construir también la Iglesia San Ignacio de Loyola, de los jesuitas. Sin embargo, en 1767, la Compañía de Jesús fue expulsada de los dominios españoles y la construcción se paralizó. Se decidió más tarde trasladar a este lugar la Parroquial Mayor, que se encontraba en la Plaza de Armas pero había sido muy dañada por la explosión de un barco en la bahía. En 1777 se terminó su construcción y en 1787 se le otorgó el rango de Catedral.
La Catedral de La Habana es el máximo exponente de un estilo que llamaron barroco cubano (aunque algunos dicen que el mismo no existe). Cierto es que su interior es neoclásico, ya que fue remodelado a principios del siglo XIX. En mi opinión, el interior de la catedral no tiene un interés tan marcado, pero el encanto único de su arquitectura descansa en la fachada, con sus redondeces y la combinación de nichos y columnas. Se dice también que parte del efecto que provoca se debe al contraste de luces y sombras con que jugó su desconocido diseñador.
La Plaza de la Catedral es uno de los lugares más hermosos de La Habana, a pesar de no tener ni un solo árbol. A ella le perdonamos su falta de naturaleza porque nos maravilla con su arquitectura.


Alguna información fue tomada de la Guía de Arquitectura de La Habana
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