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- About La Habana¿Qué misterio tiene esa ciudad bañada por las aguas del golfo de México para que los poetas anuncien “Si no existieras, yo te inventaría, mi ciudad de La Habana”? ¿Qué magia provoca canciones como “Si mis ojos te abandonaran, yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas de andar tus calles”? ¿Será amor de hijos o es ciertamente un poder especial que ejerce la capital en todo el que respira su aire? Yo no soy quién para responder esta pregunta porque es evidente que estoy parcializada. Adoro esa ciudad y es difícil estar lejos. El fantasma de La Habana me sigue los pasos. No es sólo la belleza de su convaleciente arquitectura, su trágicamente hermoso malecón o sus imponentes fortalezas; es su gente y su cadencia lo que le da una vida inusual, a pesar de todos sus males. Pero no sólo es así en tiempos modernos. Importante debe haber sido La Habana cuando los españoles decidieron que era mejor recuperarla y entregar la Florida a los ingleses allá por el año 1763. España no encontró muchos tesoros en Cuba, pero sí un puerto donde anclaría todos los barcos que venían, llenos de riquezas, del resto de sus colonias. Una bahía segura, en una isla que era la antesala de las Américas. Allí se reuniría la Flota de la Plata, barcos provenientes de Veracruz y Cartagena, con todas las riquezas extraídas de las colonias, para salir hacia España en un gran convoy resguardado por buques armados. La Habana se convirtió en el principal puerto de escala de España en las Américas, y así creció la ciudad más allá de sus muros. Para protegerla de los tantos ataques de corsarios y piratas, se construyeron las fortalezas (primero, el Castillo de la Real Fuerza, y más tarde el Morro y la Punta) y una gran muralla delimitando la ciudad, lo que sería hoy la Habana Vieja. Esta muralla comenzó a construirse alrededor del 1671 y demoraría tanto que cuando se terminó, unos 100 años más tarde, ya había una gran parte de la población viviendo en el área extramuros. En 1863 se comenzó a desmantelar. Hoy, en algunas partes de la Habana Vieja, aún pueden verse vestigios de la muralla (especialmente frente a la Terminal de Trenes). Otra prueba de su existencia es la ceremonia del cañonazo de las nueve, el cual anunciaba originalmente la apertura y el cierre de las nueve puertas de la ciudad y la cadena que cerraba la bahía. Creció La Habana hacia el oeste y sur y hoy alcanza más de 700 kilómetros cuadrados. En los cuatro donde se encuentra la Habana Vieja, se reúnen alrededor de mil edificios de valor histórico, sin contar los de Centro Habana. A pesar de los esfuerzos por restaurarla, la mayoría de las casas y edificios sufre un deterioro tan serio que, con sólo lluvias, muchos se derrumban, provocando muchas veces la muerte de los que aún viven en ellos. Hay cuatro plazas que ya han sido restauradas y que constituyen la mayor atracción turística del centro histórico. Cada una es diferente y tiene su propio encanto. La Plaza de Armas es la que más historia recoge en pocos metros. En ella se fundó la ciudad y se asentó el gobierno colonial. La Plaza de San Francisco de Asís estaba dedicada al comercio. Allí llegaban los barcos con mercancías, incluyendo los esclavos africanos. Su nombre religioso se debe al convento fundado por los franciscanos y que es hoy una de las joyas de la ciudad. La Plaza Vieja fue una alternativa a la plaza del gobierno y originalmente fue llamada Plaza Nueva. Era famosa por su mercado y su estacionamiento bajo tierra. La Plaza de la Catedral era la de la Ciénaga, por terminar allí uno de los ramales de la Fosa Real, el primer acueducto de la ciudad. En este lugar se creó el primer baño público. En el siglo XVIII se comenzaron a construir las casas que la rodean, incluyendo la Iglesia San Ignacio de Loyola, que más tarde se convertiría en la Catedral de La Habana. Por supuesto, la capital de Cuba no es sólo la Habana Vieja y sus cuatro plazas. En este blog, iré hablando con detalles de muchos lugares de interés y hechos históricos. Por ahora, espero disfruten algunas de sus escenas. POSTS RELACIONADOS: La Plaza de la Catedral Cementerio Cristóbal Colón ENLACES EXTERNOS Un post hermoso y conmovedor dedicado a la Habana de un amigo blogglero y cubano (en Londres)
- About CienfuegosCienfuegos: la llamada “Perla del Sur”, “Linda ciudad del mar”, e incluso la ciudad más limpia de Cuba Cuando un visitante escucha esta retórica estereotipada, piensa que los cubanos son unos exagerados…y si está familiarizado con los detalles de la vida en Cuba, diría como muchos, que los cienfuegueros pecan de orgullosos. No obstante, hay que reconocer que esos calificativos no están lejos de la verdad. Esta ciudad difiere en mucho de las demás “villas” cubanas, ya que es la única que no fue fundada por los españoles, sino por colonos franceses procedentes de La Louisiana. En lugar de las calles laberínticas y estrechas, fue trazada con impecable limpieza de líneas y anchura tanto en las sendas para los vehículos como en las aceras para los peatones. Uno puede pararse al extremo de una calle y visualizar el otro extremo. Los parques son igualmente amplios y podría decirse que casi frías en comparación con el romántico barroquismo de las plazas de La Habana Vieja, Trinidad o Santiago de Cuba, por solo mencionar tres de las más destacadas primeras villas del archipiélago cubano. La vida del cienfueguero se vio envuelta desde sus inicios en torno a la actividad portuaria y pesquera. Un cienfueguero de pura cepa era alguien que aprendió a nadar cuando tuvo uso de razón, remar, colocar la carnada y tirar los cordeles. En su hogar se comía todo tipo de pescado y marisco. El exquisito camarón era manjar de casi todos los días, tan abundante y barato que se usaba de carnada para ensartar en los anzuelos. El día de la fundación de la ciudad, el 22 de Abril, niños y adultos prendían de sus pechos un alfiler con la figura de un camarón. Es sede y centro de las Regatas de Kayaks y Canoa desde que este deporte se inició en Cuba. Su pista acuática inmejorable de aguas tranquilas y cristalinas se extiende a lo largo de un breve Malecón de varios kilómetros. En Cienfuegos, a diferencia lamentablemente de la mayoría de las ciudades y pueblos del país, ningún ciudadano admite que se arroje el más mínimo desperdicio en otro sitio que no sea el depósito de basura. El ambiente rezuma tranquilidad y hasta prosperidad en un país agobiado por penurias económicas. Su Punta Gorda, una prolongada península que se adentra en las aguas de la bahía, es un panorama a ambos lados de la vía, de hermosas casas y mansiones circundadas de mar y cuidados jardines. Remata su punta un palacio morisco, una rotonda y una callejuela adornada por edificaciones de madera y tejas, donde confluyen diferentes estilos que le dan un aire aún más vacacionista y relajado a esa zona tranquila, apenas perturbada por el trotar de caballos que tiran de coches para pasajeros. Quizás es por estas razones sitio preferido de los visitantes extranjeros y del jurado del premio literario Casa de las Américas, pues en ese ambiente de paz pueden devorar en pocas semanas los muchos libros que han de evaluar para al final otorgar las ansiadas preseas. El contorno del macizo de Guamuhaya o Escambray se insinúa en contraste con las aguas de la bahía. No son muchos los kilómetros que es preciso recorrer para llegar a sus estribaciones. Aventurándose por una carretera sinuosa en la que hay que andar prevenido, la de Cumanayagua, muy pronto se encuentra la entrada de un jardín botánico que creó a principios del pasado siglo la Universidad de Harvard y donde hizo crecer una flora digna de sus investigaciones, entre ellos la mayor colección de palmas del continente. Ya en ese sitio es posible tomarse una foto desde una considerable elevación, con todo el panorama de lomeríos, y allá en el horizonte, en lo profundo, la bahía de Cienfuegos con su ciudad en las márgenes. Desde ahí en un par de horas puede uno empinarse sobre las mayores elevaciones del Escambray –que no llegan a grandes alturas como las de la Sierra Maestra en Santiago de Cuba- o seguir rumbo a Trinidad, la joya de la arquitectura española en esta isla, a la que solo puede llegarse por carretera precisamente a través de Cienfuegos, como si estuvieran hermanadas las dos ciudades, convoyadas en rutas turísticas en las que el extranjero generalmente prefiere circular brevemente por la primera y alojarse por varias noches en la segunda. Un cienfueguero insistiría, y no sin razón, en que se comparta la estancia entre ambos polos, pues su ciudad tiene realmente mucho que ofrecer tanto en su seno como en los alrededores. Esta reseña no tiene ánimo turístico, pero como algunos de los que visiten el sitio se sentirán impresionados por las sugestivas imágenes, vale la recomendación de quién escribe. - De una cienfueguera que se fue a estudiar en La Habana y, al prendarse de un habanero, decidió quedarse en la capital (porque los capitalinos sí que no dejan su ciudad, de la que dicen “Pa´ pueblo´e campo La Habana, y pa´ vianda la carne´puerco”) [Este articulo no lo escribió la dueña del blog] ENLACES RELACIONADOS Fotos de Cienfuegos Galería de Cienfuegos en SmugMug El Prado El Benny
- About TrinidadTrinidad Patrimonio Mundial de la Humanidad, junto al Valle de los Ingenios Trinidad puede que tenga una de las historias más sufridas de Cuba. Es un municipio de la provincia de Sancti Spíritus y una de las primeras siete villas fundadas entre 1512 y 1514, casi todas por el tristemente célebre Diego Velásquez. Antes de su llegada, existía allí un comunidad de aborígenes, asentada en el cacicazgo de Guamuhaya. Originalmente, Trinidad se fundó (a finales de 1513) en las márgenes de la Bahía de Jagua, donde hoy se encuentra Cienfuegos, pero fue trasladada meses después hacia su lugar definitivo por problemas estratégicos: la comunidad de indios que allí vivía le servirían de mano de obra barata (entiéndase esclavos) a los españoles para explotar unas pequeñas minas de oro que también se hallaban cerca. Por ello, en el 1514, quedó definitivamente establecida la Villa de la Santísima Trinidad, cuya ceremonia de fundación se llevo a cabo en la Plazuela del Jigue. Allí aún se ve una antigua cruz de madera y un jigue pequeño. Casi todas las ciudades en Cuba se fundaron bajo la sombra de un árbol, y el que ha ido a Cuba o nació en ella, se imaginará por qué. Bastante deben haber sufrido los españoles nuestro calor con esas ropas, para además tener que fundar villas parados en el sol. Por un tiempo, no fue Trinidad una ciudad muy destacable. Hubo momentos en que prácticamente quedo despoblada, como cuando pasó Hernán Cortés buscando hombres que lo ayudaran en la conquista de México, y las familias que quedaron se trasladaron a Sancti Spíritus. En esos tiempos, como dato curioso y único en nuestra historia, los indios se encargaron con éxito del ganado y otros negocios dejados por los españoles. Pero la historia de esta ciudad (que ahora cuenta con unos 70 mil habitantes) se tornó sorprendente ya para finales del siglo XVIII. Hubo un acontecimiento que tuvo una enorme repercusión en Cuba: la Revolución de Haití, de 1791 a 1804. Haití era el primer productor de azúcar de caña del mundo (la de remolacha se comenzó a consumir décadas más tarde) y al quemarse las plantaciones durante la guerra, Cuba ocupó su lugar. La creciente demanda aceleró la producción azucarera de una manera incontenible. Hubo muchas otras consecuencias para Cuba, económicas y políticas, pero esta fue de un impacto tan grande que durante casi dos siglos la isla se convertiría en un país prácticamente mono productor. Se talaron grandes áreas de bosques para plantar caña de azúcar y Cuba se volcó totalmente hacia ese renglón. Así surgió la llamada Sacarocracia cubana, la aristocracia cuyo dinero provenía del azúcar. El azúcar y la trata negrera – directamente ligada a la primera – eran los grandes negocios. Trinidad lo tenía todo: un hermoso valle (Valle San Luis, más tarde conocido como el Valle de los Ingenios) justo detrás de la ciudad, las montañas del Escambray al lado, el mar al frente con su pequeño puerto de Casilda, por donde podían introducir los esclavos para trabajar en las plantaciones y sacar el azúcar producido, comerciando con el resto de las islas del Caribe y países aledaños. Trinidad se convirtió, en solo unas dos o tres décadas, en una de las principales ciudades productoras de azúcar del país. Las familias que poseían los ingenios – los cuales llegaron a ser mas de 60 – eran tan ricas que mandaban a comprar sus ropas, sus muebles, sus adornos, a Europa o Asia. Construyeron no solo hermosas haciendas, sino casas coloniales de increíble valor histórico que hoy se conservan o están esperando restauración, y que los cubanos llamamos “palacios trinitarios”. Son muchas las historias de las competencias entre las familias ricas para ver quien tenía más dinero, como la de aquel que quiso decorar el piso de su hacienda con monedas de oro y las autoridades dijeron que solo lo autorizaban si las ponía verticales para no pisar el rostro de Su Majestad, lo cual persuadió al cruel y riquísimo Don Mariano Borrel. El mismo que, se dice, enterró sus tesoros en las inmediaciones de su hacienda en el Valle, matando a los cuatro esclavos escogidos para enterrarlo y así ser él el único que conociera el secreto. Y, tanta fue su avaricia, que dicen los trinitarios que aún su fantasma vive en la casa, tratando de proteger su tesoro de aquellos que han cavado tratando de encontrarlo. De historias del jinete y el caballo sin cabeza, de la llorona, de todo tipo de fantasmas y supersticiones, está llena Trinidad. Después de tanto esplendor – que como siempre solo disfrutaron algunos, pues la mayoría de la población trinitaria es descendiente de aquellos esclavos que trabajaban en las plantaciones, o artesanos pobres – Trinidad cayó en una crisis total. A mediados de ese mismo siglo, muchos factores vinieron a dar al traste con la economía de la ciudad: se descubre el azúcar de remolacha; comienza una crisis mundial que provoca la disminución de los precios del azúcar de caña; se inician las guerras de independencia en el país; y la revolución industrial que exigía nuevas tecnologías y eliminaban el trabajo esclavo. Sin dejar de mencionar que los blancos comenzaron a temer una revolución como la de Haití en las ciudades donde se concentraba el trabajo esclavo y, por lo tanto, dominaba la población negra. En vez de seguir adelante o reinvertir capitales, como hicieron las otras provincias, los ricos trinitarios decidieron que era hora de abandonar la ciudad, tomaron sus riquezas y volvieron a España, o se mudaron a Sancti Spíritus, La Habana o cualquier otro lugar de la isla con mejores posibilidades económicas. Trinidad quedó irremediablemente arruinada. En solo un siglo, la ciudad fue de lo sublime a lo ridículo, y nunca más se levantó de sus cenizas. A pesar de que hoy se le llama “La Bella Durmiente” de Cuba, por los proyectos de restauración que la han avivado y embellecido, no todos los habitantes corren la misma suerte que algunas de sus edificaciones. Muchos viven en condiciones pésimas, he visitado casas en Trinidad que recuerdo como las más pobres que he visto en mi vida. Y no están precisamente en esa hermosa Plaza Mayor y sus palacios coloniales, sino más adentro, en barrios donde hay gente que vive en casas con piso de tierra, las paredes son pedazos de madera que no llegan ni al piso ni al techo, sin puertas ni lámparas. Pero la arquitectura colonial trinitaria es algo maravilloso. Las amplias casas de un solo piso, con sus arcos decorados y sus ventanas gigantescas para poder dejar correr el aire. La sala que continúa al comedor con columnas divisorias y dando una sensación de amplitud y frescor poco visto en La Habana. Los cuartos siempre a los lados y, al final, el patio, lleno de cerámicas y plantas. Por último, la cocina y el baño, a cada lado del patio. Para mí, las casa trinitarias son de las casas más bellas de nuestra isla, y Trinidad, una joya que no solo hay que preservar, sino que hay que salvar. Pero la salvación no solo la necesita Trinidad, es un problema mucho más serio que una pequeñita ciudad que tiene la naturaleza a su favor: el Mar Caribe que baña sus costas, la playa más linda de la zona central y sur, el hermoso valle con su historia única y su simbólica Torre Manaca-Iznaga, y las maravillosas montañas del Escambray, donde hay un sitio mágico que se llama Topes de Collantes. Para conocer más sobre la historia de Trinidad, haz clic aquí. Para ver mis fotos de Trinidad, haz clic aquí. Trinidad en Wikipedia.
- About Pinar del RíoPinar del Rio es la provincia más occidental de Cuba. Por allí pasan casi todos los huracanes que afectan la isla, es la tierra del mejor tabaco del mundo y donde tienen lugar los chistes que protagonizan los pinareños. Pero nada de eso es lo que me atrae más de Pinar. Claro que me encanta visitar las plantaciones de tabaco, como mares de olas verdes, y hablar con los vegueros en los secaderos sobre lo difícil y fluctuante que es la cosecha. Pero lo que me enamora de verdad es el paisaje. Es una de las provincias con más población blanca en la isla, porque su principal cosecha era el tabaco, no la caña. Mientras los cañaverales eran trabajados por esclavos, las vegas eran trabajadas por manos cuidadosas: única forma de lograr el éxito, junto con las bondades del clima. No obstante, el cultivo del tabaco no le trajo prosperidad a la provincia, que de hecho era llamada la Cenicienta de Cuba. Actualmente, no es que haya florecido económicamente, como sabemos, aunque podría haberlo hecho. La zona de Vuelta Abajo da las mejores hojas de tabaco del mundo, sobre todo la capa, que es la utilizada para el exterior. Recuerdo con asombro la única breve visita que hice a la zona, llena de plantaciones con unas hojas inmensas y perfectas. Se dice que la perfección viene de una combinación del suelo rico y arenoso, el clima, y las manos expertas de generaciones de vegueros que sudan la tradición tabaquera por cada poro. El tabaco cubano se vende a buen precio en el mercado internacional, sin embargo, las manos que lo producen no reciben ni la mitad de estos ingresos. El veguero está obligado a venderle al estado cubano, a precio que decide el estado, y no hay otra opción. Muchos tratan de vender algunos tabacos hechos por ellos mismos pero esto se considera ilegal, como tantas otras cosas en el país, y pueden ser procesados por la ley. En este blog verán mayoritariamente fotos del Valle de Viñales, en la Sierra de los Órganos, Cordillera de Guaniguanico. Es el lugar que siempre visito, uno de los paisajes más hermosos de Cuba, al cual le dedicaré un post. La naturaleza de la provincia es también impresionante. La mitad de las plantas en Cuba son endémicas, específicas del país, y en Pinar hay varias endémicas locales. Una de ellas es la palmita barrigona, una linda variedad de palma que puede verse a lo largo de la carretera hacia la capital de la provincia, con una barriga de embarazada… o cervecera. Pinar es además uno de los lugares en Cuba donde vive el ave más pequeña del mundo: el zunzuncito. Trataré en otro momento de hablar más sobre la flora y la fauna cubana. Como saben, todos los países tienen una región donde viven “los tontos”. En España son los gallegos, en Cuba son los pinareños. Así los emails están llenos de chistes sobre los pinareños y si van a Cuba y oyen “Tú eres pinareño, chico?” ya saben lo que quieren decir. La verdad no sé por qué tienen esta fama, pues conozco pinareños que no tienen nada de tontos. Pero ya saben cómo son estos chistes. Pinar del Río es una provincia para visitar, cuando voy a Cuba si no voy a pasarme al menos una noche a Viñales, me siento incompleta. Amanecer en el valle, con el cantío de los gallos, los ladridos de los perros, los rayos del sol iluminando de rojo los lados rocosos de los mogotes y los bohíos de colores, las vacas, la tierra colorada, la gente amable y sencilla… pasa a ser parte de los momentos inolvidables. ENLACES RELACIONADOS Algunas curiosidades de la fauna cubana El zunzuncito, blog Natura Curiosa, que incluye un video Pinar del Río en Wikipedia Las fotos de Viñales en este blog
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